El autillo europeo (Otus scops) es uno de esos búhos que pasan desapercibidos a propósito. Pequeño, nocturno y un maestro del camuflaje, durante el día parece un trozo más de corteza siendo parte de los árboles donde habita.
Se alimenta sobre todo de insectos —saltamontes, polillas, escarabajos— y completa el menú con pequeños vertebrados cuando puede. Es un aliado silencioso del campo y de los pueblos, muy ligado a zonas arboladas, huertos y entornos rurales. Cría en huecos de árboles, cajas nido o viejas construcciones.
El autillo, como muchas aves nocturnas, no percibe el vidrio como un obstáculo. Superficies transparentes o reflectantes actúan como trampas invisibles. Las pistas de pádel, con grandes paramentos acristalados e iluminación nocturna, se han convertido en puntos negros de colisión.
En AMUS recibimos cada temporada aves accidentadas por choques contra cristal o superficies transparentes.
Muchas no sobreviven. Otras lo hacen tras semanas de cuidados. La solución existe y es sencilla, señalizar los vidrios, reducir reflejos, apagar luces innecesarias por la noche y tener en cuenta a la fauna cuando se construye.